La morosidad de los hogares españoles ha bajado hasta el 2,4%, un nivel prácticamente idéntico al existente antes del estallido de la Gran Crisis Financiera en 2008, tras 17 años de ajuste. Esta evolución refleja tanto la reducción del volumen de créditos impagados como el aumento de la financiación concedida por los bancos, lo que refuerza la solidez del sistema financiero.
Según los datos publicados por el Banco de España, el descenso se explica principalmente por la buena evolución del mercado laboral, con el empleo en máximos históricos, y por la bajada de los tipos de interés impulsada por el Banco Central Europeo, que ha aliviado las cuotas de las hipotecas y de los préstamos al consumo. Tras alcanzar un máximo del 7,1% en 2014, la tasa de morosidad de las familias ha descendido de forma casi ininterrumpida, incluso durante la pandemia y el reciente ciclo de endurecimiento monetario.
Por tipo de crédito, la morosidad hipotecaria se sitúa en mínimos (1,85%), también mejora en la rehabilitación de viviendas y en otros préstamos familiares, mientras que en el crédito al consumo el saldo moroso aumenta ligeramente, aunque la tasa se mantiene contenida. Paralelamente, la morosidad empresarial también disminuye, de modo que la morosidad total del sector privado vuelve a niveles previos a 2008, confirmando la recuperación financiera de la economía española.
